martes, 31 de enero de 2017

El poder de nuestro poder

Y es que en todas nuestras relaciones y encuentros se dan relaciones de poder. Poder de hablar, de callar, de convencer, de argumentar. Poder de decidir, poder de manipular, poder de empoderar o poder de oprimir. También poder de educar-nos, de liberar-nos, de desarrollar-nos.

Nuestro poder está determinado por nuestras capacidades y por la toma de conciencia del mismo. Su buen o mal uso por nuestra voluntad, los valores que ponemos en juego y por la propia gestión que hagamos de él. 
La primera pregunta es ¿qué busco en esa relación, en ese encuentro en el que vamos a poner en relación el poder de nuestro poder con el otro? Hablamos de encuentros formativos, del voluntario/a con los destinatarios/as, del voluntariado entre sí.

El poder actúa, seamos o no conscientes de él. Su acción y consecuencias serán más imprevisibles en la medida que menos consciencia tomemos de él y de su poder en cualquier relación. El poder de nuestro poder tiene mucho que ver con el cumplimiento de nuestros objetivos con los otros.

Un termómetro del buen o mal uso del poder en nuestras relaciones podrían ser las emociones que genero con mi relación en el otro. Puedo generar miedo, porque mi poder es entendido en confrontación con sus intereses. Puedo suscitar ira ante la percepción de un uso injusto de mi poder. Puedo generar inseguridad ante la desconfianza del uso que pueda hacer del mismo. En esos casos mi poder no estaría bien orientado a crear relaciones formativas, de empoderamiento o desarrollo personal.

¿Cuál sería la emoción que al ser generada indicaría el buen uso de mi poder con el otro? La seguridad. Una relación o encuentro que genere seguridad en ambas partes equivale a ser consciente que el poder del otro estará puesto al servicio común en el cumplimiento de unos objetivos compartidos.

La seguridad como emoción conlleva la predisposición al aprendizaje desde la confianza, al empoderamiento mutuo y, por tanto al cumplimiento de los objetivos que nos marquemos en esa relación o encuentro.

La pregunta por tanto es: cuando me relaciono con el otro, ¿mi poder genera seguridad en él? En las relaciones de liderazgo, de acompañamiento, de educador, ¿qué tipo de emoción genero en el otro?


Toda emoción nos dispone en una plataforma de acción (escapar, huir, aprender, imaginar, decidir...). La seguridad o su universo de emociones: paz, sosiego, templanza, calma, control, satisfacción..., nos ayuda a equilibrar nuestros deseos, sueños, nuestras relaciones interpersonales, nuestra capacidad de imaginar lo que podemos hacer y luego realizarlo. El poder que genera seguridad en el otro ayuda, por tanto, en la toma de decisiones. Imaginar y decidir.

De igual forma, la emoción seguridad regula conceptos como la vulnerabilidad y la resiliencia. Es la plataforma de la autoestima, la decisión controlada, en paz, y del éxito. Cuando en mi relación interpersonal creo un clima de seguridad en el otro desde el poder que tengo, me convierto en un instrumento eficaz, efectivo y afectivo para el desarrollo personal y la toma de decisiones. No olvidemos que el otro también cuenta con un poder que tiene que ponerlo en juego desde los mismos parámetros para que genere en mí, igualmente, la seguridad necesaria en el manejo constructivo de la relación.

Todo esto nos sirve para mejorar y dar sentido a la relación de acompañamiento que podamos hacer con el voluntariado desde la formación, en nuestra relación con nuestro acompañante o en la relación y comunicación con nuestros destinatarios en la acción voluntaria.

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