jueves, 5 de enero de 2017

El miedo: vigía o pirata

Uno de los acompañantes habituales y necesarios tanto en los procesos formativos como en la propia experiencia de voluntariado internacional es el miedo. Algo tan natural y necesario para la supervivencia como el miedo puede ser un elemento que nos sirva de vigía y, por tanto, de informante de aquello sobre lo que nos tenemos especialmente que preparar, o puede ser un fatal compañero que, cual pirata que se avecina, nos haga huir o quedarnos paralizados sin poner en marcha los mecanismos de acción que nos hagan salir de tal situación para tomar las decisiones mas adecuadas.

En los procesos de formación para el voluntariado internacional se hace necesario percibir y tomar conciencia de cuáles y dónde se encuentran nuestros miedos, actuales y posibles, conocer por qué se producen y aprender a regularlos. De esta forma convertimos nuestros miedos en vigías que ante el peligro nos posibilita virar o afrontarlo de forma valiente, prevenirlos o superarlos. ¡Cuidado!, un "Juan sin miedo" no es valiente sino un inconsciente.

Podemos observar dos tipos de miedos, los referentes a nuestro yo interno y los que tienen que ver con lo externo, las circunstancias, el entorno. Lo primero tiene que ver con aquello que nos exige capacidades, competencias personales que nos permitan superar los "peligros" en nuestro desenvolvimiento personal. Hablamos de la soledad, la afectividad, la vulnerabilidad, los impulsos, la autoestima... el saber situarme, afrontar los conflictos de forma constructiva. Lo segundo tiene más que ver con lo físico, el dolor, la enfermedad, la violencia...

Pensemos en situaciones que hayamos tenido miedo o que nos dé miedo. Es posible que tengan que ver con lo anteriormente dicho. La cuestión es la siguiente: ¿lo percibo?, ¿lo comprendo?, ¿sé sus causas? Y la clave sería: ¿cómo lo puedo regular?

La forma más efectiva es generando seguridad. La seguridad es también una emoción que percibida nos genera ese sentimiento. Es la emoción antídoto al miedo. Por tanto, trabajemos la seguridad. Mientras mayor seguridad trabajada en mí y en mi contexto mayor posibilidad de que mis miedos sean vigías que me ayuden a tomar buenas decisiones y no sean piratas que me lleven al pánico y a tomar, consiguientemente, decisiones desde los impulsos y los instintos. Cuando el miedo es pirata se anulan capacidades como la regulación, el raciocinio, el entendimiento y la comunicación. Mis ideas, mis pensamientos, mis motivaciones (conjunción consciente de mis emociones positivas)..., todo queda en un segundo plano y es secuestrado por esa emoción descontrolada del miedo pirata.

La seguridad se construye desde la potenciación de mis capacidades personales, de mi autoestima, de mis posibilidades de gestionar mis emociones y de la identificación y sentimiento de pertenencia a una organización que me hace sentir amparado, parte de, y protegido.

Y una herramienta muy humana y muy necesaria entre otras cosas para trabajarse los miedos y las seguridades es el acompañamiento. Cuando nos permitimos temer y en ese miedo nos sentimos acompañados los piratas desaparecen, crece la seguridad, el miedo se convierte en una señal que no nos paraliza o no nos hace huir, sino que nos hace tomar conciencia de nuestras seguridades y generar aquellas que estimamos necesarias para tomar buenas decisiones. Adelantarnos a los posibles miedos que se nos puedan generar y sintiéndonos acompañados (en la formación y desde la pertenencia a una organización) nos dará herramientas capacitadoras para afrontarlos y, por tanto, nos servirán de vigías que nos posibilitarán tomar las decisiones oportunas, en los momentos oportunos y con las herramientas personales necesarias.







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