jueves, 23 de febrero de 2017

El Voluntariado como un Encuentro que nos libera

¿Para qué hacer un voluntariado social con colectivos y personas en exclusión social? ¿Ayudar? ¿Necesitan mi ayuda? ¿Qué les aporto? ¿Qué me aportan? ¿Necesito yo de su “ayuda”? ¿Qué nos supone o nos puede suponer la solidaridad como acción y encuentro voluntario? ¿Quién ayuda a quién? En clave de Pedagogía de la Liberación, ¿quién libera a quién?

Únicamente desde la libertad, como proceso de liberación permanente, podemos generar relaciones que tengan un carácter transformador de la realidad.

Nadie libera a nadie, todos nos liberamos en comunión y en comunidad.

Sólo desde el Encuentro posibilitamos una solidaridad que nos libere y, por tanto, transforme la realidad que nos impide desarrollar unas relaciones de descubrimiento liberador del otro.

Los procesos de enseñanza-aprendizaje que se dan en los encuentros solidarios entre aquellos que desde su vulnerabilidad sufren las consecuencias de la opresión y aquellos que desde su pertenencia a la realidad opresora se encuentran, van a determinar esa nueva relación, que se traducirá en un descubrimiento concientizador mutuo. Esto quiere decir, ¿quién es aquel que es excluido de los recursos materiales y/o formativos básicos para su desarrollo personal y comunitario? Ese “quién es” no lo conoceremos sin salir de las etiquetas, los prejuicios y estereotipos que nos impiden actuar con la libertad necesaria para relacionarnos desde la horizontalidad requerida.

Para ello se requiere tres momentos complementarios que tienen que ver con lo cognitivo, lo emocional y lo actitudinal. Conocer (saber), sentir (experimentar/vivenciar) y actuar. Reflexión/Emoción/Acción como proceso que nos permite la transformación individual y comunitaria.

La Cooperación tiene que ir revestida de Encuentro para que desde la horizontalidad nos permita construir y entrar en auténticos procesos de liberación mutua.


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