¿Para qué hacer un voluntariado social con colectivos y
personas en exclusión social? ¿Ayudar? ¿Necesitan mi ayuda? ¿Qué les aporto?
¿Qué me aportan? ¿Necesito yo de su “ayuda”? ¿Qué nos supone o nos puede suponer
la solidaridad como acción y encuentro voluntario? ¿Quién ayuda a quién? En
clave de Pedagogía de la Liberación, ¿quién libera a quién?
Únicamente desde la libertad, como proceso de liberación
permanente, podemos generar relaciones que tengan un carácter transformador de
la realidad.
Sólo desde el Encuentro posibilitamos una solidaridad que
nos libere y, por tanto, transforme la realidad que nos impide desarrollar unas
relaciones de descubrimiento liberador del otro.
Los procesos de enseñanza-aprendizaje que se dan en los encuentros
solidarios entre aquellos que desde su vulnerabilidad sufren las consecuencias
de la opresión y aquellos que desde su pertenencia a la realidad opresora se
encuentran, van a determinar esa nueva relación, que se traducirá en un
descubrimiento concientizador mutuo. Esto quiere decir, ¿quién es aquel que es
excluido de los recursos materiales y/o formativos básicos para su desarrollo
personal y comunitario? Ese “quién es” no lo conoceremos sin salir de las
etiquetas, los prejuicios y estereotipos que nos impiden actuar con la libertad
necesaria para relacionarnos desde la horizontalidad requerida.
Para ello se requiere tres momentos complementarios que
tienen que ver con lo cognitivo, lo emocional y lo actitudinal. Conocer (saber),
sentir (experimentar/vivenciar) y actuar. Reflexión/Emoción/Acción como proceso
que nos permite la transformación individual y comunitaria.
La Cooperación tiene que ir revestida de Encuentro para que desde la horizontalidad nos permita construir y entrar en auténticos procesos de liberación mutua.
La Cooperación tiene que ir revestida de Encuentro para que desde la horizontalidad nos permita construir y entrar en auténticos procesos de liberación mutua.
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