necesito la mano que no aprieta, que acaricia la nuestra
que te agarra y te suelta sabiendo de mi necesidad, desde mi vivencia.
Acompáñame desde la distancia que se acerca, pero también se aleja,
acompáñame desde el respeto a mi soledad querida y necesaria,
pero que en momentos es necesidad de sentirme con la mano agarrada.
Acompáñame desde la escucha de mi palabra y de mi silencio buscado,
acompáñame desde tu palabra que resuene en mi otro silencio, hecho de miedos,
de los que me bloquean en el camino que busca mis sueños.
Acompáñame sabiendo que es mi vida, y yo su dueño, su protagonista,
pero que necesito de la mano amiga forjada de confianza y respeto,
que me empuje o remueva cuando caiga en el hastío del aburrimiento

Y es que la entrega al otro me toca muy adentro, me remueve el ego,
me confunde el altruismo con el egoísmo y es cuando necesito de tu espejo.
Acompáñame en mi cuestionamiento, aquel que me libera, porque muestra
esa verdad, que hecha de alegría y esperanza se vuelve sentimiento, del bueno.
Y es que estamos en la época de la post-verdad, donde sólo cuenta aquello que quiero escuchar,
donde me cuentan sólo lo que quiero oír, para así no tenerme nada que cuestionar.
Pero yo quiero que me acompañes, para escucharme en lo profundo de mi yo,
donde se encuentra lo profundo de las opciones que me impulsan en mi transformación.
Porque yo sí creo en la verdad, la que se construye desde la comunicación creativa,
desde la entrega solidaria, vital, que te lleva al encuentro en la vulnerabilidad,
que te libera de las máscaras que hacen que te escondas en las miserias de tus miedos,
y es ahí, en la intemperie de mis fronteras, donde necesito de tu acompañamiento.
No me sueltes la mano, cuando te la pida, porque te la pido,
porque en mi transformación se juega el mundo la suya
y eso es el principio que me motiva y el final que me realiza,
pero necesito de tu mano, igual que tú necesitarás de la mía.
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