Trabajar desde el "yo" y sobre el "yo" se hace indispensable y fundamental en los procesos de formación del voluntariado social. El carácter transformador que tienen los estilos de vida coherentes con el cambio que intentan promover, lo transformador que supone los encuentros personales, interculturales, basados en la comunicación horizontal, solidaria, el ser capaz de poner en el centro la Misión, la vocación, en la relación con el otro, obliga al trabajo personal y profundo sobre mi propio yo. Ir a mi propio centro, en su profundidad, descubrirme en mis posibilidades más reales, comprenderme en mis retos y en sus dificultades, pero, sobre todo, dar y alcanzar el sentido de mis opciones implica la radicalidad personal, es decir, ir a las raíces de lo que me impulsa a ese compromiso vital y de transformación social. Un trabajo de inmersión, de reflexión, meditación, interiorización, re-descubriéndome ese yo que va a ser el soporte vital y de sentido que me mantenga en el compromiso. Ese esfuerzo de centrarme y profundizar en mi, adquiere su sentido transformador en el momento que descubro en ese yo profundo la fuerza necesaria que me impulse al des-centramiento.
Centrarme bien y en profundidad para des-centrarme en mi encuentro con el otro, clave para que mi labor sea realmente transformadora. Si durante la formación el yo se posiciona en uno de los centros de mi pre-ocupación, no debemos perder de vista que es la Misión (meta, finalidad, vocación) la que debe ocupar el centro de mi labor y de mis relaciones con los demás. Si no, convertimos la importancia del "yo" en la justificación de un "yoísmo" que en poco tiempo hará tambalearse los cimientos del sentido de mi opción solidaria y transformadora.
El "yoísmo" que nos impide des-centrarnos, poner al otro, sus circunstancias, su cultura, su comunidad, en el centro de mi labor y de mi opción.
Centrarme para des-centrarme, des-centrarme para centrar mi Misión. De esta forma, además, ella, mi Misión, mi vocación, el sentido de mi labor, me ayudará a superar adversidades, miedos y conflictos difícilmente superables si no me dejo de considerar el centro sobre el que gira todo lo demás.

Y quizá estemos hablando de un conflicto con tintes interculturales. Un conflicto entre una cultura que tiende en estos momentos al "yoísmo" teñido de terapias y espiritualidades que nos centran en el yo para quedarnos en el yo, frente a otro tipo de cultura comunitaria donde el centrarse en el yo no es sino una herramienta pedagógica y espiritual que nos permite encontrar la fuerza y el sentido necesario para descubrir que no existe la realización personal al margen del otro y de lo comunitario.
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