Describir lo que es una experiencia de Voluntariado
Internacional de larga duración es complicado porque cada experiencia es un
mundo y cada persona que lo experimenta lo puede describir de manera diferente.
Además, una cosa es experimentar y otra tomar conciencia de ello, tener la
capacidad de interpretarlo y comunicarlo (transmitirlo) de forma lógica y
coherente (fundamental para sensibilizar y poder ser agente de cambio).
Lo que sí podemos decir es que hablar de
Voluntariado Internacional es hablar de Construir, hablar
de Historias personales y emocionantes y hablar de Ciudadanía global
comprometida con la Justicia.
Hablamos de construir, de una acción
libre, voluntaria, que comienza en un momento dado, que se planifica y se ponen
los recursos y herramientas para ello. Al surgir de la voluntad que nos lleva a
una acción (voluntariado), se trata de una toma de decisión que se prolonga en
el tiempo. Es parte de una Opción fundamentada en la Misión (vocación, meta) de
la que he tomado conciencia y que me impulsa, me motiva, me mueve. ¿Por qué me
siento “movido” a esa construcción, a esa toma de decisión? Pues porque de una
forma u otra me “emociona”. Emociones que me surgen de experiencias anteriores
de entrega, donación (mi historia ya comenzada de ciudadanía comprometida con
la justicia)… y de proyecciones acerca de lo que puede ser esa Historia
personal que quiero seguir construyendo. La emoción es lo que nos mueve.
Decidimos porque nos emociona, sustento de la motivación, motor de nuestra
decisión y construcción de nuestra historia personal. Ahora bien, emoción
gestionada desde la inteligencia para que dicho sustento no se haga desde
tierras movedizas y tenga argumentos sólidos y de peso a los que agarrarme y
que compartir.
Y hablamos, por último, de eso, de ciudadanía
comprometida con la Justicia. Nuestra Misión, vocación, llamada, meta… El
Voluntariado Internacional me ayuda a construir mi historia ciudadana, aquella
por la que he optado previamente, a seguir construyéndola con materiales
humanos y existenciales que la consoliden. No se trata por tanto de una
experiencia de turismo solidario o de mera aventura existencial. Se trata de
salir de nuestro centro a la frontera, al margen, donde la Justicia deja de ser
tal, la vulnerabilidad de transforma en fragilidad. “Descentrarse” para
comprender que el margen, la frontera, es una construcción que nos introduce en
espacios e historias personales y colectivas donde lo humano tiene que
convivir con lo deshumanizante. Y esas historias tienen que ver con la mía, con
la nuestra, porque somos ciudadanos de un mismo mundo, global, y
corresponsables de lo que aquí y allí suceda.
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